LA PUTA Y EL ALCALDE

El primer desprecio que recibió el señor Alcalde fue el apoyo que dio el señor Oscar Arias a su contrincante Fernando Zumbado en la lucha por la Alcaldía de San José. Estamos seguros de que si esto lo hubiera hecho cualquier pobre diablo del Partido Liberación Nacional, lo hubieran expulsado de inmediato por traidor. Sin embargo, ningún caracol se atrevió a enfrentarse al Águila Nobeliana, igual que cuando apoyó la papeleta diputadil del PAC en la campaña pasada.
Al final de cuentas de nada sirvió el apoyo de don Oscar porque, gracias a la indiferencia de la gran mayoría y al masoquismo o idiotez de cerca de doce mil habitantes del cantón central de San José, don Johnny fue electo alcalde y pudo seguir adelante con su plan de salvación de la ciudad que él mismo destruyó.

Debemos recordar que el Alcalde es figura conocida gracias a su tío el ex presidente Monge, quien calificó la sentencia de la Sala Constitucional a favor de la reelección presidencial como un bazukazo a la democracia. También su hermano don Rolando se ha opuesto abiertamente a este equivocado fallo y a las poses dictatoriales que ha tomado el laureado tirano tanto dentro del partido, como en todo el país, ya que se considera el ungido del pueblo aunque las elecciones aún no se hayan llevado a cabo.

Hace pocos días se realizó una carne asada para recolectar fondos para la campaña del millonario candidato Arias. A ella se presentó el Alcalde, quien no solo pagó la cuantiosa cuota para participar en el evento, sino que aprovechó el momento para arrodillarse ante el ungido y ofrecerle no solo su voto, sino el de su hermano Rolando. El Águila condescendiente, miró a aquel humilde caracol y la agradeció con una sonrisa las muestras de pleitesía.

Pocos días después el diario La Nación, publicó una denuncia contra el alcalde: Que había recibido sobornos de la empresa procesadora de basura del cantón. Olvidándose del principio de inocencia, el Águila Nobeliana, degradó al arrastrado alcalde no a nivel de caracol, sino a nivel de leproso. Colgó de su cuello, como en los tiempos bíblicos, una campanita y le prohibió acercarse al grupo privilegiado que rodea al señor Nóbel porque podía contaminarlos con su lepra. Pobre señor Alcalde, traicionó a su tío y a su hermano y de nada le valió, fue expulsado del grupo del Nóbel perdiendo su oportunidad de que el dedo de Arias lo convirtiera en diputado, sin siquiera dársele la oportunidad de defenderse.

A veces, cuando pasamos por las cercanías de la Clínica Bíblica, vemos a una pobre prostituta, cuyos mejores años ya pasaron, y que no tiene las formas esculturales de las chicas de Sinaí, esperando que alguien se apiade de ella y aunque sea sometiéndola a humillaciones y obligándola a efectuar actos degradantes, le de unas monedas para poder subsistir. Confesamos que sentimos lástima de esta pobre puta triste, y hasta hoy habíamos considerado que la prostitución era la profesión más humillante del mundo. Debemos confesar que estábamos equivocados. Sentimos más compasión por el pobre Alcalde de los arbolitos y los bulevares y estamos convencidos que la profesión más degradante para un ser humano es la de político.

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