MANIFIESTO DE UN ABSTENCIONISTA COSTARRICENSE

El próximo 5 de febrero de 2006, se llevarán a cabo las elecciones en Costa Rica, para elegir Presidente, Vicepresidentes, Diputados y Munícipes. Sin embargo, a pesar de que se me llame mal patriota, no pienso participar porque estoy en todo el derecho de hacerlo.

Conozco perfectamente que de acuerdo con la Constitución Política de Costa Rica, el voto es obligatorio. Sin embargo, me siento relevado de este mandato, ya que la Sala Constitucional, quien por ley debe ser el custodio de la Constitución, no dudó en retorcerla con tal de permitir que el bipartidismo pudiera presentar como candidato al ex presidente Oscar Arias Sánchez, usurpando el papel que solamente corresponde a la Asamblea Legislativa y a una Asamblea Constituyente. Por tanto, después de haberse dado este golpe de estado técnico, según mi criterio la Constitución no se encuentra vigente y ninguna autoridad tiene la autoridad moral para exigirme que la cumpla.

Durante la campaña pasada, los partidos Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana, participaron en una gigantesca operación de lavado de dinero, para obtener fondos del narcotráfico y del tráfico de influencias, sin que nadie fuera castigado porque las leyes no contemplan este delito. Sin embargo, han pasado cuatro años y la Asamblea Legislativa no ha hecho absolutamente nada para castigar a quienes obtengan fondos en forma tan innoble. Por tanto, nada me garantiza que los recursos de esta campaña no provengan de la desgracia de los drogadictos o de empresas transnacionales que quieren firmar contratos leoninos con el próximo gobierno de la República.

Tampoco puedo votar para diputados sin tener un tremendo cargo de conciencia, porque los principales candidatos a estos puestos no fueron electos democráticamente. En Liberación Nacional, el dedo de Oscar Arias escogió a los ungidos. En el partido Unidad Social Cristiana, fueron los dos ex presidentes cuestionados por tráfico de influencias quienes los eligieron, dejando al pobre candidato presidencial don Ricardo Toledo, como un pobre payaso, escogido nada más para llevarse una aporreada en los próximos comicios. Y lo que más me duele, en el Partido Acción Ciudadana, fue el dedo de don Otón Solís quién ungió a los diputados elegibles. Lástima de partido. Tan joven y ya aprendió las mañas de los viejos corruptos.
Además, si me presento a votar no podré hacerlo por una persona, sino que me presentarán una lista de candidatos a diputados, por lo que yo no puedo saber si con mi voto estoy llevando a la Asamblea Legislativa a un ciudadano insigne, a un ladrón o a un imbécil.

Finalmente quiero resaltar la pobre campaña de ideas que han desarrollado durante la campaña política los principales candidatos. Solo me han dicho que el barco necesita capitán, que salga a votar y que Toledo es la fuerza de la Unidad. Ante la situación de un país que ocupa el segundo lugar en inflación en América Latina, y que el Gobierno de Abel Pacheco ha dejado convertido en un guiñapo desde el punto de vista económico y moral, esperaba planteamientos más serios. Ahora, como para cerrar con broche de oro don Oscar Arias y sus candidatos a vicepresidentes recorren el país, rodeados de un grupo de payasos para atraer la atención de los apáticos ciudadanos. Lo que no sé es quienes son más payasos, si ,los contratados para estos actos o los que gobernarán el país a partir del próximo 8 de mayo. Además, para qué don Oscar gastó dinero contratando payasos. De todos es conocida su amistad con don Abel Pacheco, razón por la cual, nada le costaba haberle pedido al señor Presidente que le cediera unos cuantos ministros, a quienes nada les cuesta hacer este papel, porque lo han estado haciendo desde que fueron nombrados.

Por las razones antes expuestas, me abstendré de votar. Dejaré que pase lo inevitable. Que gane don Oscar Arias y su grupo de neoliberales, con el fin de que implanten el modelo del derrame, el cual ya ha demostrado su ineficacia total, en la mayoría de los países de América Latina. Tal vez cuando el país toque fondo, sus ciudadanos despierten.

Respeto a los que piensan emitir su voto. Pero también les ruego que respeten mi manera de pensar. No estoy dispuesto a participar en unas elecciones que la misma Sala Constitucional convirtió en espurias y que por la falta de ideas de los candidatos participantes, me sentiría como un retrasado mental si le doy el apoyo a alguno de ellos.

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