EL CRIMEN DEL CODO DEL DIABLO, VERGUENZA COSTARRICENSE

Mucho se ha escrito sobre los crímenes políticos cometidos en otros países. Sin embargo, a las generaciones jóvenes de Costa Rica, se les ha hecho creer que nuestro país siempre ha sido un remanso de paz y tranquilidad, donde ha existido desde los albores de la República un derecho absoluto a los Derechos Humanos. Esto es una premisa falsa, como tantas otras que se han hecho circular a nivel nacional e internacional sobre nuestro país. Es por eso, que en honor a la verdad, en homenaje a los caídos y para denunciar la impunidad de un horrendo crimen, que hemos querido escribir una pequeña reseña sobre el crimen del Codo del Diablo.

 

Poco después de concluir la Revolución de l948, se decidió que un grupo de prisioneros que se encontraban en la cárcel de Puerto Limón debían ser trasladados a San José.

Entre ellos se encontraban:

 

TOBÍAS VAGLIO SANDÍ: de 63 años, curtido luchador de la clase trabajadora, pequeño empresario y dirigente del Partido Comunista en Siquirres.

FEDERICO PICADO: diputado electo del Partido Comunista.

NARCISO SOTOMAYOR RAMÍREZ.

LUCIO IBARRA: Conocido dirigente en las luchas contra las explotadoras compañías bananeras establecidas en la zona atlántica.

ALVARO AGUILAR UMAÑA

OCTAVIO SÁENZ.

 

El viaje a San José se hizo en el MOTOCAR 156 y salió de Puerto Limón a las 7.30 p.m. del 19 de diciembre de 1948, con los reos esposados de los en dos. Los reos políticos afrontaron con valor el inicio del viaje aunque presentían que su destino final sería otro y no la capital de la República.

 

Los custodios de los presos fueron:

MANUEL ZUÑIGA JIRÓN, Capitán

LUIS VALVERDE QUIRÓS, Subteniente.

CLARENCIO AULUD ALVARADO.

HERNAN CAMPOS ESQUIVEL

Al empezar a bordear el Cerro del Diablo (Milla 41), donde la línea  hace una curva cerrada que se conoce como el Codo del Diablo el motocar se detuvo. El capitán MANUEL ZÚÑIGA JIRÓN, asesino al mando del grupo ordenó a los presos políticos bajarse y apartarse unos cuantos metros. Una vez hecho esto procedió con una ametralladora NIEHAUSEN a masacrar a las víctimas. Los presos políticos Picado y Sáenz, en un acto totalmente inhumano fueron rematados con tiros de revólver por Luis Valverde.

El plan tanto del asesino Zúñiga Jirón como de los autores intelectuales de este horrendo crimen era hacer creer que habían caído en un combate imaginario. Sin embargo, el cuerpo de Aguilar rodó por el barranco y lo escarpado del lugar y la oscuridad de la noche hizo imposible que Zúñiga Jirón y sus esbirros pudieran localizarlo. Este cuerpo no recuperado fue el que sirvió de evidencia para que se desenmascarara la falsa historia montada por el gobierno de facto.

 

Los asesinos regresaron a Siquirres  y propalaron la noticia falsa de que habían sido víctimas de una emboscada.

El 20 de diciembre de 1948 el Estado Mayor del Ejército de Liberación Nacional  informó que habían muerto a consecuencia de un ataque del enemigo a la altura del lugar conocido como el Codo del Diablo. Las heridas mortales de cada uno de los presos constan en los dictámenes médico forenses que se incluyen en dicho parte de guerra.

Cabe aclarar que en el expediente solamente apareció el dictamen de Federico Picado. Los otros cinco o bien nunca existieron o desaparecieron convenientemente. En el único dictamen médico que apareció el Dr. Leonidas Poveda hace constar que encontró en el cuerpo de Picado las siguientes lesiones: una herida de 1 cm. de diámetro causada por arma de fuego en la región articular izquierda que destruyó parcialmente el pabellón de la oreja. No se veía orificio de salida. También presentaba cuatro pequeños orificios de proyectil de arma de fuego, en la región submaxilar derecha. Las lesiones descritas produjeron la muerte de Federico Picado.

 

El crimen fue tan bien planeado y el traslado a San José  fue tan abrupto que incluso los propios familiares cercanos de las víctimas lo ignoraban. Al respecto en la investigación publicada por la revista de Ciencias Sociales de la Universidad de  Costa Rica, titulada El 48 interpretado por la niñez de la época, se incluye el relato de uno de los hijos de Federico Picado, el cual reproducimos parcialmente.

Su hijo, quien contaba con 12 años en ese momento, recuerda cuando fue  a dejarle comida a la cárcel y le comunicaron que su padre había sido trasladado a San José durante la noche. Su madre imposibilitada de viajar, por no dejar solos a los hijos pequeños, le encomendó  que fuera a la Penitenciaría Central a ubicar a su padre. Lico nunca olvidaría ese viaje en tren, muy tenso, donde lo embargaba la incertidumbre y se formulaba mil preguntas sobre lo que estaba viviendo. Tampoco olvidaría que al llegar a la estación de ferrocarril lo esperaba su tía, quien lo sustrajo de la ruta diseñada por su madre y lo hizo caminar a su casa entre sollozos.

Lo que allí pasó ya se lo imaginarán; una sala mediana, sin muebles, con un ataúd al centro montado sobre dos mesitas y de espaldas a las paredes unos pocos tíos, parientes y amigos… Setico se acercó directo al féretro tembloroso, todavía con la esperanza de que no fuera su padre el que estaba ahí, su tío Alfredo lo abrazó y juntos contemplaron el rostro de su padre y hermano: Federico.

Los hechos narrados anteriormente dejan claro que el Crimen del Codo del Diablo, no fue un acto espontáneo causado por la irracionalidad de la guerra. Fue un acto premeditado con el fin de terminar con la dirigencia obrera de la zona atlántica que tantos dolores de cabeza había causado en años anteriores a las explotadoras empresas gringas y  a la servil oligarquía que gobernaba al país.

El más claro homenaje no solo a los mártires del Codo del Diablo y a los cientos de miembros del Partido Comunista que cayeron en la Revolución del 48 se los dio su contendor José Figueres Ferrer cuando dijo refiriéndose a los comunistas: “ Estos últimos eran los que realmente se habían distinguido por su condición de lucha. Los dos primeros (se refiere al ejército de Teodoro Picado y a los seguidores de Calderón Guardia) estaban preocupados por sus vidas y haciendas y por escapar a sus responsabilidades.

Al final, a pesar de las denuncias que se hicieron ante el corrupto Poder Judicial costarricense, los autores materiales de este crimen quedaron impunes y los autores intelectuales nunca se conocieron. Tal vez hoy nuestra juventud los venere como Beneméritos de la Patria o como ciudadanos preclaros.

 

Bibliografía:

El Espíritu del 48. Figueres Ferrer José, Editorial Costa Rica.

El 48 interpretado por la niñez de la época, Muñoz Guillén Mercedes, Botey Sobrado Ana María, Revista de Ciencias Sociales, volumen 2, número 96, Universidad de  Costa Rica.

El Motocar Rojo 156, una aproximación desde la óptica del cuento narrada por Omar Orozco, Enrique Benavides citado por publicación del Partido Vanguardia Popular.

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