ANDREA MORALES, CUANDO LA ETICA SIRVE DE BIOMBO

 

Johnny Mora Alfaro

 La diputada que firmó un compromiso ético de dejar la curul, si abandonaba su Partido, hoy se escuda en justificativos éticos para defender su  patética posición.  Realmente nos ha sorprendido Andrea.  No por su última decisión, adelantada hace rato en cada actuación suya en el Parlamento,  sino por el caprichoso desenfado e impavidez con que ha sabido llevar durante tantos meses un discurso contradictorio y paradójico. 

 En el centro de su actuación, estuvo siempre el tema de la ética.  Por ésta no se atrevía a ausentarse a ninguna sesión del TLC,  facilitaba las votaciones de todo tipo de mociones para allanar el camino a la agenda de implementació n y era la ética el arma magistral para fustigar a quienes hacían lo imposible –desde la Constitución y el Reglamento- para aminorar el impacto negativo del Tratado y sus leyes complementarias.  Y claro, navegando entre dos orillas, también puntualizó, desde una perspectiva ética, que no votaría a favor de esas leyes, aunque para ese momento y con buena parte de los obstáculos salvados, su voto decidiera poco sobre el diferendo.

 Tan importante dice ser la ética para Andrea y tan particular su interpretació n de ésta,  que hoy argumenta que ella firmó el compromiso de abandonar la curul, sólo si, de alguna manera, violaba los preceptos éticos del PAC.  Es decir,  condicionó la validez de la firma de un compromiso ético,  a la eventual violación de la ética de su Partido, o lo que es lo mismo: procedería éticamente, sólo si actuaba antiéticamente. Una concepción bastante sui generis del bien pensar-bien hacer que implica la verdadera Ética.     

 En general, Andrea tuvo la parsimonia para moverse en la cuerda floja durante meses;  extraña virtud ésta, para dejar el estrés a las espaldas y tener, a la vez, la frescura de desayunar, almorzar y cenar con el Partido de gobierno, mientras negaba todo vínculo político y el menor asomo de traición a su Partido. Sus referencias a la necesidad de diálogo, como excusa para sus acercamientos al G-38, sonaban poco menos que a humor negro  –el diálogo es virtud de la democracia, que se enriquece con la discrepancia, no así el contubernio con el que nos familiarizó el PLUSC-.  Mientras tanto,  la diputada no se olvidó de enlodar la cancha soltando, aquí y allá, perlitas sobre la incapacidad de negociación, intolerancia y atmósfera irrespirable en el dogmático PAC.

 

¡Qué celestial descaro!  Algo similar sólo lo encontramos en las tramas enmarañadas de alguna telenovela de pobre guión y mucha audiencia.

Pero, más allá de cualquier encono, creemos que la muralla que Andrea construyó entre  Ética y Política, no resiste el menor análisis.  El límite entre lo que se dice y hace, está mucho más allá que el apego calculador -¿o afiebrado?- a un código o a un reglamento. Le aconsejaron, que todos los días, en la penumbra, con las cortinas cerradas, repasara el Código de Ética del PAC, para no brincarse ni una coma, a sabiendas de que la tarea de tapar el sol con un dedo es ardua y minuciosa.

 

Andrea, mientras tanto, seguía actuando como una diputada de gobierno, mientras propalaba su ligamen con el PAC: ¡No importa que arda Roma,  yo sigo cantando versos a su grandeza!  Contó  para su doble discurso con el beneplácito de “La Nación” y el gobierno, que se encargaron de ensalzar su actitud, mientras la presentaban algo así como el más soberbio ejemplo de la nueva política globalizada y sin ideologías.

 

-Esa juventud atrevida, sin amarras ni convencionalismos, pragmática y despreocupada. ..

 

Y Andrea se creyó la película.  Sólo que más allá de su ligamen, orgánico o no, al bipartidismo, como expresión política de la nueva alianza conservadora, con cada minuto que pasa, podría estar perdiendo, callada pero irremisiblemente, -cual moneda depreciada-  utilidad y atractivo para quienes la rodearon de lisonjas y oropeles. 

 

Toca el turno ahora al capítulo de la novela, del que no sabemos si la diputada se ha percatado: Andrea Morales pasea desde ya su cimbreante y trágica figura en la pasarela de la ortodoxia neoliberal, entre aplausos desabridos de algunos y la sorna poco disimulada de otros, que hace rato se encargaron de preparar su desfile hacia el olvido, entre neones y maquillajes.          

 

 

 

 

 

 

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Una respuesta

  1. Yo busco Johnny Mora Alfaro – si tu eres de San José en Costa Rica y has estudiado en Checoslovaquia en los aňos 1975, 1976 y más – escriva a mí por favor.
    Gracias.
    Olga

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