LA VIDA Y MUERTE DE CARLOS ARGUEDAS

Carlos Arguedas, ecologista y sindicalista falleció de cáncer el pasado 31 de diciembre. Murió como consecuencia del veneno con que se fumigaba el banano de Mamita Yunai, y como mueren hoy muchos proletarios víctima de los químicos de la piña que se cultiva en nuestros países.
Pero antes de morir padeció bajo el poder de la Caja Costarricense de Seguro Social, institución inepta e insensible al dolor de los trabajadores. Obra de los reformadores sociales Rafael Angel Calderón Guardia, Víctor Manuel Sanabria y Manuel Mora Valverde, hoy convertida en rebatiña política, esquilmada por políticos ladrones y patronos defraudadores. Pensamos mucho para escribir sobre Carlos Arguedas, cuando llegó a nosotros un artículo de otro ecologista y luchador José María Villalta. Nos tomamos la libertad de reporoducir este artículo, que es el mejor homenaje que se puede brindar a Carlos Arguedas.

Ha fallecido el compañero Carlos Arguedas Mora. Trabajador bananero. Sindicalista. Luchador social. Dirigente comunal. Militante comunista y cristiano comprometido. Ecologista. Compañero entrañable, amigo querido y hombre bueno.

La noticia de su muerte el último día de 2010 nos ha dejado en medio de un revoltijo de sentimientos. Tristeza, rabia, esperanza.

Tristeza porque ha partido un compañero indispensable, que luchó todos los días por construir un mundo nuevo con justicia y dignidad para todos los seres humanos. Estuvo en la cárcel 22 veces por denunciar a los verdaderos ladrones, defendiendo los derechos de las y los trabajadores en las huelgas bananeras. Sufrió en carne propia el martirio del Nemagón. Soportó todo tipo persecución por hablar duro y claro por las comunidades sin voz que están siendo envenenadas por las piñeras. Carlos siempre amó al prójimo más que a sí mismo. Nunca pudieron comprarlo ni callarlo.

Rabia porque a Carlos lo mató tanta injusticia. Lo mataron las trasnacionales criminales que envenenaron su cuerpo como hicieron y hacen hoy impunemente con miles de familias humildes. Rabia al recordar que estos malditos se atrevieron a demandarlo penalmente por decir la verdad. Furia al pensar que la muerte de Carlos también es producto del deterioro que el capitalismo salvaje está provocando en nuestro sistema de seguridad social. Duele el alma recordar como la CCSS que tanto defendemos tuvo a este hermano digno y valiente deambulando por meses como un perro, de hospital en hospital, a la espera de una operación o, al menos, de alguien que le quite el dolor insoportable.

Esperanza porque fuimos muchos y muchas quienes tuvimos la dicha de conocer a Carlos en vida y compartir sus luchas. Sus luchas como obrero explotado, como miembro de una comunidad empobrecida, como hijo de la Madre Tierra. Y de Carlos aprendimos muchas cosas. Él tenía muy claro que no se puede ser ecologista coherente sin ser también sindicalista. Y viceversa. El tenía muy claro que la rabia nace del amor y que solo así es posible construir el socialismo, con amor a la gente y a la vida. Esperanza porque habemos muchos y muchas que tenemos el compromiso de seguir su ejemplo.

De ser así, a pesar de tanta rabia y tanta tristeza, Carlos Arguedas, el querido compañero y amigo, nunca morirá.

José María Villalta
1 de enero de 2011

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