COSTA RICA, UN EDUCADOR ASESINADO POR EL NARCO

Miércoles 05 de octubre del 2011
Transcribimos esta nota que se le ha hecho llegar al Ministro de Educación de Costa Rica por dos razones importantes.
Como un homenaje a un educador que fue torturado y asesinado, por proteger a sus alumnos de los narcotraficantes, que han tomado nuestros colegios para hacer sus colegios y para recordarle a la Presidenta de la República que ella ofreció seguridad para el pueblo costarricense y hasta ahora no ha cumplido su promesa.

Señor
Leonardo Garnier Rímolo
Ministro de Educación Pública
República de Costa Rica

Estimado don Leonardo:
Le escribo para contarle que estoy de duelo por una persona que usted no conoció. Se llamó Kenneth Paniagua Soto, trabajó casi toda su vida laboral para el Ministerio de Educación Pública, fue educador de primaria y administrador educativo.
Quiero contarle acerca de quién fue, porque me niego a que su muerte pase inadvertida y se convierta en un número más de las estadísticas que hablan sobre la violencia en nuestro país.
El “profe Kenneth” era un hombre joven, orgullosamente guanacasteco, trabajador, alegre, dinámico, ordenado, preocupado de su presentación personal. Contaba con gran capacidad de liderazgo y alto sentido de responsabilidad; siempre irradiaba felicidad y tenía una sonrisa fácil, además de ser un excelente bailarín.
Le conocí cuando llegué a trabajar a la Escuela de Excelencia Elías Jiménez, en San Rafael Abajo de Desamparados, allá por el año 1998. Fuimos compañeros de paralelo por varios años y compartimos el trabajo por áreas.
De su vida personal, sé que en cuanto obtuvo la plaza en propiedad, compró un lote y construyó su casa, trajo a su mamá a vivir con él, ayudó a una hermana a sacar a sus hijas adelante, fue un amigo leal, una persona recta, con fuertes convicciones y deseos de superación.
A nivel laboral siempre llegó temprano para cumplir sus funciones como docente o de asistente administrativo. Era sumamente honesto y ordenado, la presentación y el contenido de sus documentos daban gusto. Su letra en la pizarra era muy linda y me hacía pensar que debía mejorar la mía. Como educador era estricto pero educó con amor y en su salón de clase, siempre hubo algún momento para reír. Kenneth se preocupaba mucho del bienestar de los estudiantes, por lo cual les enseñaba a cuidar desde su presentación personal hasta de la educación que recibieran; de igual forma, pensaba en sus niños de forma integral, por lo que le preocupaba la situación del hogar de cada uno y el que fueran niños felices. Amó mucho a sus estudiantes y obtuvo de ellos la reciprocidad de ese amor… Testigo de esto es el afecto que le profesamos y la tribulación que nos embarga hoy.
Sus deseos de superación le llevaron a optar por una plaza como Director y se trasladó a la zona de Guácimo a fungir como tal. Este año laboró en la Escuela de Línea Vieja de Guácimo.
El pasado sábado 1° de octubre del 2011, su cuerpo fue encontrado en una de las márgenes del río San Rafael, en Santa Teresa de La Rita de Pococí. Los medios de comunicación informaron que el móvil del asesinato fue el robo del automóvil, sin embargo, lo cierto es que meses atrás, él denunció varios casos de abuso infantil y de venta de droga, por lo cual le amenazaron de muerte y al parecer, cumplieron dicha amenaza. Tristemente le cuento que, Kenneth fue torturado y asesinado, su cuerpo presentaba múltiples fracturas, golpes, puñaladas e impactos de balas.
Don Leonardo, me cuesta aceptar que a mi compañero lo hayan asesinado y conste en unos pocos titulares de la prensa escrita, como si fuese alguien que no le importase a nadie. Él era un SEÑOR EDUCADOR, un maestro costarricense, un funcionario del M.E.P. y murió por hacer lo correcto, por cumplir con su trabajo, por intentar proteger a sus estudiantes de los males con que nos toca lidiar.
Como docentes, las autoridades nos piden denunciar los casos de narcotráfico, de abuso, de corrupción y con lo sucedido a Kenneth, el mensaje que callamos a gritos es “¡Si hablan, se mueren! ¡Si denuncian, los matamos!”, con lo que se fortalece el temor de decir la verdad, y apoyamos la actitud que tanto rechazamos de “El asunto no es conmigo” y, como educadores, no deseamos acrecentar la cultura del “’porta mí”.
No es posible que en nuestro país se proteja a los malhechores. Hay medios de comunicación a los que no les importa publicar imágenes que hieren la sensibilidad de los dolientes y del público en general, mientras a los sospechosos y criminales les cubren el rostro.
Es necesario brindar protección y seguridad a los trabajadores de la educación cuando denuncian abusos, comercio ilícito, narcotráfico y demás delitos que ponen en riesgo a nuestra niñez y a la calidad de educación que deseamos lograr. En Costa Rica hay lugares donde los docentes van a trabajar acompañados únicamente por el ángel de la guarda, porque hasta nuestra fuerza pública teme por su vida.
Le agradezco profundamente su atención. Todos los días los periódicos nos cuentan de personas a las que no conocemos, lamentamos lo que les pasó, pasamos la hoja y seguimos con nuestras vidas. Hoy estoy detenida en esa página, porque esta tragedia me ha marcado, y no quiero ser indiferente, no podía pasar la hoja y seguir con mi vida sin contarle quién fue Kenneth Paniagua Soto y una vez hecho esto, me resta confiar en que su muerte no quedará impune y desde nuestro Ministerio saldrán las propuestas y acciones que necesitamos ante la cruda realidad que enfrentamos los trabajadores de la educación.
Escribir estas palabras es la forma que tengo para agradecerle a Dios la vida que me regala hoy y espero que con nuestras obras, le demostremos que valió la pena que nos haya dado este día.
Cordialmente,
Carmen María Gamboa Jiménez

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